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Reino Franco

Reino franco

¿Quiénes eran los francos?

Los francos fueron un pueblo germano dividido en tres tribus, originarios de la orilla este del Bajo Rin que, aprovechando la decadencia del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, salieron de sus fronteras originales y dominaron el norte de la actual Francia, Bélgica y el oeste de Alemania.

Si quieres ver un desternillante y breve resumen sobre el reino franco mira este vídeo de «Pero eso es otra Historia» y después continúa leyendo.

Origen del reino Franco

Aunque el primer rey franco, perteneciente a la dinastía merovingia, es Childerico, el origen del reino franco debemos buscarlo en su padre, Meroveo, rey de la tribu que más tarde se convertiría en la dominante entre los francos, si bien es cierto que no es mucha la información que poseemos sobre su reinado.

Evolución del reino franco

En el siglo III ya se mencionaba a los francos en las fuentes romanas en relación con las grandes invasiones germánicas que sacudían el Imperio entre los años 50 y 70. El término franco probablemente se aplicaba a diversas tribus asentadas entre el Weser y el Rin prácticamente independientes pero que compartían una misma lengua y costumbres

A mediados del siglo III intentaron expandirse a la Galia romana, pero no lo consiguieron hasta unos años después. En el transcurso de estas luchas los francos fueron influenciados por Roma y muchos de ellos se convirtieron en sus aliados.

La división del Imperio Romano en el 395 fue un intento por salvar una grave situación de crisis, política, social, económica e ideológica, y aunque el control de las fronteras se seguía produciendo de manera efectiva en el 405, las guarniciones estaban formadas por pueblos aliados considerados bárbaros, por lo que no es difícil imaginar que ante el empuje  de nuevos pueblos bárbaros la estructura imperial se desintegrase.

A comienzos del V los francos ya habían consolidado su dominio sobre el centro del Rin y se expandieron por lo que hoy es el noreste de Francia y la provincia romana de Germania. Los últimos años del siglo sometieron a varias tribus germánicas y a los visigodos, en el 507, que se habían establecido en el sur de la Galia, ampliando considerablemente el territorio del Reino Franco. Además, por estos años, Clodoveo se convirtió al cristianismo, lo que supuso un elemento de unión entre los francos y diferenciador de los pueblos germánicos que eran arrianos.

La corte en el reino franco

El centro de poder en el reino Franco lo constituía la corte real, organizada según el modelo romano. Los dignatarios tenían el título de comes, conde. Además, estaban los cargos de tesorero y administrador o secretario. La cancillería real estaba dirigida por hombres de letras, que en caso necesario podían desempeñar otras funciones. Pero al hablar de la corte en el reino Franco no podemos obviar el cargo de mayordomo de palacio. Quienes desempeñaban este cargo empezaron a ganar poder e influencia a partir de la segunda mitad del siglo VI, cuando los monarcas eran casi siempre menores de edad. Es por ello que los mayordomos se convirtieron en los verdaderos gobernantes, manejando al rey a su antojo.

La corte del rey en ocasiones residía en ciudades importantes, pero en otras ocasiones permanecía durante varias semanas en palacios situados en el campo y alejados de las ciudades.

La administración

La administración territorial de este vasto reino descansaba en la distribución territorial del Antigüedad tardía que dividía el territorio en provincias. Por debajo de las provincias se encontraban las ciudades con su territorio de alrededor. En las ciudades el responsable era un conde como representante del rey, encargado de impartir justicia y de la administración militar y civil. En las zonas menos urbanizadas del reino Franco, sobre todo en el norte de la Galia, se nombraron condes.

Economía y sociedad

En cualquier parte del reino Franco podía haber varios condes sujetos a un dux o duque, que era el cargo militar más alto. Las ciudades mantuvieron casi siempre sus funciones económicas anteriores, orientadas a la producción textil o el comercio. La producción agraria estaba ligado a los latifundios de la aristocracia.

Las estructuras sociales del reino Franco eran muy heterogéneas. Los francos tenían una aristocracia de sangre cuyos miembros podían alcanzar un gran peso político gracias a sus posesiones en tierras y gentes, lo que les hacía capaces de levantar sus propios ejércitos.  El centro de atracción para la vida aristocrática lo constituyen las cortes de los diferentes reyes merovingios en el poder. La Iglesia había sobrevivido sin apenas daños la caída del Imperio Romano y a la creación del gran reino de los francos. Estaba organizada en unidades administrativas heredadas de la Antigüedad tardía. Los obispos tenían a su cargo las iglesias, instituciones eclesiásticas, bienes religiosos y el cuidado de los pobres. En el sur de la Galia los obispos acumularon grandes prerrogativas y gran poder. Ante esto, los reyes francos pronto postularon a candidatos de su confianza para obispos.

El reino franco y los merovingios

La integración de los francos al imperio romano fue tal que algunos de ellos llegar a alcanzar posiciones de mando en el ejército imperial. En la segunda mitad del siglo V se produjo el colapso del poder imperial en la Galia de los francos, lo que dio a estos es la oportunidad una amplia expansión por esos territorios. Colonia y Tréveris cayeron en sus manos. Una rama de los francos bajo la dirección de su rey, Clodión, conquistaron el área de Cambrai y penetraron hasta el Somme. Según las leyendas, con Clodión o con su hijo Meroveo dio comienzo la dinastía de los merovingios, cuyo origen se remontaría a los dioses.

Ni que decir tiene que en aquella época no existía el concepto de Francia ni el de un territorio que se debiese transmitir íntegramente de padre a hijo para mantener su cohesión, de ahí que entre los merovingios continuó la tradición germánica de dividir las tierras entre todos los hijos, lo que dio lugar a numerosos conflictos y disputas.

El reinado de Clodoveo

Los primeros reyes merovingios trataron de justificar su dominio sobre la población haciéndose pasar por representantes del aparato estatal romano. En el año 482, Clodoveo, un nieto de Meroveo, llegó al trono. En primer lugar, sometió lo que quedaba del Imperio Romano en la Galia septentrional, y entre el 496 y 497 se convirtió al cristianismo, eligiendo la forma católica que coincidía con la de la mayoría de la población. De esta forma Clodoveo sentó las bases para que los francos se mezclaran con los romanos, que eran la gran mayoría de su reino, y enseguida se veneró a Clodoveo como un nuevo Constantino por su conversión al cristianismo.

En los últimos años su reinado Clodoveo consiguió extender sus dominios al vencer a los alamanes en el 506. Con ello el influjo de los francos se extendió desde el alto Rin hasta el Danubio. En el 507 aniquiló a los visigodos, conducidos por su rey Alarico II, en Vouillé y conquistó un año más tarde su capital, Tolosa.

La fama de las victorias de Clodoveo llegó incluso hasta Constantinopla, y su estilo de gobierno tomará unos tintes imperiales. A imitación de los emperadores romanos quiso convertirse en 508 en legislador e hizo poner por escrito la Lex Sálica, sistema de leyes de su pueblo que hasta entonces se había transmitido por transmisión oral.

El reino franco con los sucesores de Clodoveo

En el 511 Clodoveo moría a los 46 años. Su reino que se extendía desde el Rin hasta los Pirineos se repartió entre sus cuatro hijos, pero uno de ellos murió al poco tiempo con lo que el reparto se hizo entre tres. Al principio la inercia expansiva de los francos continuó ininterrumpidamente y llegaron a ganar un acceso permanente al Mediterráneo, el centro comercial de aquellos tiempos. Un nieto de Clodoveo, Teodeberto, imitaría las formas de soberanía imperial interviniendo repetidamente en Italia desde el 539 y extendiendo sus dominios al norte de los Alpes hasta la Panonia.

Finalmente, solo sobrevivió un hijo de Clodoveo, Clotario I, que al morir repartió de nuevo los territorios del reino Franco entre sus hijos. Esto fragmentó la unidad y rápidamente comenzó el declive de la dinastía merovingia. Tras la muerte de Dagoberto en el 639, prácticamente todos sus sucesores fueron menores de edad, fácilmente manejables por los mayordomos de palacio que fueron los que en realidad ejercieron el poder.

Tras años de luchas en el corazón del reino de los francos que facilitaron la independencia de varios ducados aparece en escena Carlos Martel, mayordomo de palacio y figura central para entender la llegada al trono de Carlomagno, y quien se apoderó del rey franco para legitimar su poder.

Carlos Martel

Carlos Martel gobernó el reino Franco con mano de hierro y aplastó a sus oponentes. Sometió a muchas ciudades que se habían hecho independientes bajo la dirección de un obispo y se apoderó de las grandes posesiones de la Iglesia. Además de afianzar su poder en el interior trató de aumentar su influencia a los territorios periféricos. Acabó con la soberanía de los ducados de Turingia, Alsacia y Alamania y sometió a Frisia.

En el año 711 los árabes iniciaron la conquista de España y al poco tiempo realizaron incursiones más allá de los Pirineos. Carlos Martel marchó contra los árabes y consiguió detenerlos entre Tours y Poitiers. Tres años después, Carlos Martel sometió a Aquitania y extendió su poder al sur de Borgoña y Provenza. Sin embargo, decidió a intervenir en Italia y, por ende, en Roma.

Al morir el rey Franco, Teodorico IV, Carlos Martel ni siquiera necesito colocar otro nuevo rey al que manejar. No lo necesitaba. Por aquel entonces Carlos Martel era el más alto representante del reino Franco tanto en el interior como en el exterior, y para ello no le hacía falta el título de rey.

El reino franco tras Carlos Martel

A su muerte volvieron a aparecer los problemas sucesorios en el reino Franco. Carlos Martel había dejado como sucesores a tres hijos, pero estos rápidamente exigieron más poder que el que les había asignado su padre. Dos de los hermanos, Carlomán y Pipino, se unieron contra el otro heredero, le derrotaron y mantuvieron la unidad del reino, nombraron un rey merovingio con el que reforzar su poder y estrecharon lazos con el Papa de Roma y trataron de reformar la Iglesia franca.

Poco a poco empezaron a surgir los desencuentros entre los hermanos, pues ambos perseguían intereses distintos. Carlomán abdicó y colocó en los asuntos de gobierno a su hijo Drogo, pero la situación de descomposición del reino Franco no tenía marcha atrás.

Ante esta situación Pipino se hizo coronar como rey de los francos en Soissons en el año 751. Rápidamente fue reconocido por los francos, el rey merovingio fue depuesto, terminando de esta forma la dinastía merovingia y llegando al poder los carolingios. Los principales logros de Pipino el Breve como rey de los francos fue la aproximación al papado y la conquista de Aquitania. En el 768 Pipino moría a los 54 años, dejando como heredero del reino Franco a sus dos hijos, Carlomán y Carlos, quien pasaría a la posteridad como Carlomagno.

Conclusiones

Los merovingios de la Galia construyeron un reino relativamente estable. Los hallazgos funerarios con ajuares rebelan un enriquecimiento progresivo a lo largo del siglo VI con objetos que siguen modas orientales. El fortalecimiento de poder rápidamente se vio truncado por la falta de conexión del reino, la aparición de poderes dentro de él, que acabaron por eclipsar a los propios reyes y sustituirles en el poder, como los mayordomos de palacio que acabaron con la dinastía merovingia y la aparición de los carolingios que conducirán al reino hacia una estructura imperial.

Fuentes y referencias

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El reino Franco fue creado por las tribus germánicas de los francos que invadieron en el siglo V parte del Imperio Romano de Occidente, ocupando buena parte de la actual Francia y de Europa Occidental. ¡Entra y descubre más sobre el reino Franco!
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Decarlomagno.info