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Merovingios

¿Quién fue Meroveo?, ¿cuáles fueron los principales monarcas de los francos?, ¿cuál es la religión de los francos?, ¿qué dinastía reemplazó a los merovingios? Estas y otras curiosidades te las resolvemos a continuación.

Merovingios

¿Quienes eran los merovingios?

Fue una dinastía de reyes francos que dominaron en un área cambiante con el tiempo pero, que a grandes rasgos, se correspondía con la antigua Galia entre los siglos V y VIII. La dinastía merovingia toma el nombre de Meroveo, un antiguo rey franco de mediados del siglo V, cuya figura se mueve a medio camino entre la historia y la leyenda. De hecho, el término merovingios proviene del latín, merovingi, que significa «hijos de Meroveo» El origen de los merovingios es germánico.

Fuentes para el estudio de los merovingios

Las primeras referencias históricas que tenemos de los merovingios es sirviendo en el ejército romano como reyes de los francos. Pero poco más se sabe de ellos en sus orígenes.

Las fuentes de las que disponemos para estudiar la dinastía merovingia son escasas. Sin embargo, a pesar de ser pocas, cubren todo el espectro cronológico que va desde Clodoveo I hasta que Childerico III fue depuesto. El más importante de los cronistas de la época es Gregorio de Tours, un historiador galo del siglo VI, que escribió Decem Libri Historiarum, obra también conocida como Historia Francorum, o lo que es lo mismo, Historia de los Francos.

La Historia Francorum se conserva a través de varias copias medievales y no es exactamente una historia del pueblo franco como tal, sino un relato de como el reino ha llegado a ser católico.

La siguiente fuente para el estudio de los merovingios es la Crónica de Fredegario. Un compendio de cinco libros redactados a mediados del siglo VII y en los que además de la dinastía merovingia también se habla de los visigodos, ostrogodos, lombardos y bizantinos.

Según la Crónica de Fredegario los merovingios descendían de un monstruo marino llamado Quinotauro, una criatura de Poseidón o Neptuno que dejó embarazada a la esposa de Clodio mientras se bañaba. De este embarazo nacería Meroveo. A partir de esta obra se consideró a los merovingios de origen sagrado, aunque hoy en día se entiende como un intento de explicar el origen del nombre Meroveo, cuyo significado sería algo así como «toro del mar»

Breve historia de los merovingios

Origen de los merovingios

El origen de los merovingios hay que buscarlo en Meroveo, rey de la tribu franca de los salianos a mediados del siglo V —posteriormente esta tribu se convertiría en la dominante entre los francos- y de quien la dinastía toma el nombre.

La mayoría de cosas conocidas de él provienen del ámbito de la leyenda. Lo único en lo que se ponen de acuerdo los historiadores es en que es muy probable que estuviese presente en la batalla de Aecio en la que el ejército romano derrotó a Atila.

El rey en la dinastía merovingia

Lo que sí sabemos es que en los orígenes de la dinastía merovingia el rey era el dueño del botín conseguido en la guerra y el responsable de redistribuirlo entre la población. Al morir, sus bienes eran repartidos entre sus hijos a partes iguales, pues se consideraba que el reino era de su propiedad y, por tanto, formaba parte de su patrimonio.

Los reyes merovingios en el siglo V

El primer rey de los merovingios fue Childerico, hijo de Meroveo, quien aprovecharía la caída del Imperio Romano para hacerse con el control de la región en la que habitaban los francos. El fin del Imperio no provocó la desaparición de todas las estructuras del mismo. La aristocracia senatorial se mantuvo, aunque refugiada en el campo, los tributos recaudados en las ciudades tampoco desaparecieron, al igual que el marco administrativo de la Iglesia.

Los obispos, que pertenecían a la antigua clase senatorial, eran los verdaderos señores de las ciudades y los reyes francos percibieron lo beneficioso que podía ser colaborar con ellos.

Con Childerico las dimensiones del reino eran reducidas, aunque al final de sus reinado obtuvo importantes victorias, llegando a conquistar, en alianza con los sajones, el territorio de los alamanes.

Hay que destacar que en el siglo XVII, en Tournai, actual Bélgica, se encontró la tumba de Childerico prácticamente intacta dentro una necrópolis más grande, en lo que pudo ser el núcleo original de los merovingios. Afortunadamente la tumba de Childerico y el resto de enterramientos no habían sido saqueados, por lo que se observó que contenía un rico ajuar.

A la muerte de Childerico en el 481 le sucedió su hijo Clodoveo, quien conquistó gran parte de la Galia. Clodoveo consiguió derrotar a Afranio Siagrio en la batalla de Soissons, un líder militar romano a quien los pueblos germánicos daban el nombre de «Rey de los romanos», unificando la Galia —tras atraer a la órbita franca a burgundios, turingios y alamanos y la eliminación de ostrogodos y visigodos por bizantinos y musulmanes— y convirtiéndose al cristianismo ortodoxo de Nicea, fe que profesaba su esposa Clotilda. En realidad la conversión no estaba basada totalmente en la fe, sino en las intenciones del rey de aprovecharse de la posición privilegiada de los obispos como hemos indicado unos párrafos más arriba.

Prueba del poder que llegó a conseguir Clodoveo es que en el 508 entró vestido de púrpura en Tours, proclamándose cónsul y Augusto. Poco antes de fallecer reunió en Orleáns el primer Concilio de las Galias buscando la unidad del territorio, pero cuando murió el reino se dividió entre sus hijos Teodorico, Childeberto, Clotario y Clodomiro.

La concepción germana y franca de que el reino era propiedad del rey hacía imposible la consolidación de un Estado fuerte y facilitando la aparición de conflictos internos.

La dinastía merovingia en el siglo VI

La división del reino franco entre los hijos de Clodoveo debilitó la fortaleza del mismo. Aunque en un primer momento se mantuvo la unidad, incluso se llegó a conquistar Borgoña y, mas tarde, tras la caída de los ostrogodos, la Provenza. Pero a la muerte de los monarcas, estos nuevamente volvieron a dividir el reino entre sus hijos, por lo que desde entonces el reino Franco permanecería dividido y sumergido en constantes luchas, en donde tras la muerte de un monarca se producían enfrentamientos entre sus hermanos o hijos. Clotario I consiguió unificar el reino en 558, pero esta unión solo duró tres años, tras la cual el reino volvió a ser dividido entre sus hijos.


Sería Clotario II quien reunificaría el reino en el 613, pero el poder del rey merovingio ya se encontraba muy debilitado. El poder efectivo los ejercían condes y duques a quienes los monarcas francos se habían visto obligados a hacerles continuas concesiones a cambio de conseguir su apoyo para mantenerse en el poder. Pero cuando se acabaron las tierras que conquistar, el reino merovingio se vio conducido a la ruina por la imposibilidad de seguir obteniendo nuevos recursos y comenzaron a aparecer las tendencias separatistas.

Además, se agravó el problema de la falta de recursos, ya que la desaparición de las estructuras administrativas provocó la disminución de la tributación y los intentos de restaurar la fiscalidad pública fracasaron

El final de los merovingios

Así hasta que en el siglo VIII los reyes merovingios pasaron a ser meros títeres de los verdaderos gobernadores del reino, los mayordomos de palacio, una época en la que el reino se encontraba dividido en varios reinos: Aquitania, Borgoña, Neustria y Austrasia. Los principales beneficiarios de la decadencia merovingia fueron los Pipínidas de Austrasia.

Curiosidades de los merovingios

En muchas ocasiones, los contemporáneos se referían a los reyes merovingios como reyes de pelo largo, o más exactamente como se diría en latín «reges criniti«, debido a la costumbre entre las tribus francas de que los líderes no se cortasen el pelo, mientras que los guerreros sí lo hacían. Es más, si un merovingio se cortaba el pelo tal acto le invalidaba para gobernar. De igual, modo, cuando se quería retirar a un merovingio de los cargos de poder se le encerraba en un monasterio.

Por último, entre los reyes merovingios existía la costumbre de cambiarse el nombre al acceder al trono. Algo similar a lo que sucede hoy con el Papa de Roma o a los Patriarcas de la Iglesia Ortodoxa.

Los merovingios en la cultura popular

Los merovingios juegan hoy en día un papel importante en la identidad de Francia. Incluso el propio Charles de Gaulle afirmó en una ocasión que pensaba que la historia de Francia comenzaba con Clodoveo.

Actualmente, los merovingios aparecen mencionados en conocidas obras literarias como «En Busca del Tiempo Perdido» de M. Proust, o en conexión con historia que les vincula a la leyenda del Santo Grial como «El enigma sagrado» o «The Holy Blood and the Holy Grail» como reza su título original de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, o en el conocidísimo «El Código da Vinci» de Dan Brown.

Sin embargo, parece que los merovingios nunca reclamaron un origen sagrado o divino ni hay ninguna evidencia científica de que tuviesen tal origen.

Fuentes y referencias

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Los merovingios fueron una antigua dinastía que gobernó el reino franco durante los siglos V al VIII, si bien en el siglo VIII los reyes merovingios tenían un poder muy limitado, pues el poder efectivo recaía en la figura del mayordomo de palacio. ¡Entra y descubre más!
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